Sexo | Relato de Eva Dida. Una declaración sincera, con una literatura extraordinaria.

 

“Sexo, follar, polvos, mente, ganas, y otras cosas que pienso. Cuando pienso.

Me gusta follar. Echar polvos no. Follaría días enteros. Con sus noches enteras. Si el amante. Si el chico. Si su manera de follar. Está a la altura. Porque soy bajita. Sí. Soy bajita. Por si no lo había dicho antes. Pero pocos amantes. Pocos hombres. En horizontal. O vertical. Están a mi altura. No es ego. Es la pura verdad. Mi verdad. Y lo que suele suceder.

Hablas durante algún tiempo con una persona. No hay expectativas. Pero en el fondo siempre hay alguna. Si no hablaríamos con alguien en concreto. No elegiríamos con quien hablar. Hablaríamos al azar. Siempre nos guiamos por algún tipo de parámetro. Queremos. O nos apetece. Alguien atractivo. Alguien estimulante. Alguien que sea capaz de devolver lo que das. Alguien que sonría. Alguien que entienda lo que dices. Alguien que responda de manera que te apetezca seguir charlando. Y luego ya se verá.

He quedado con muchos hombres a lo largo de dos años y medio de mi vida. He quedado con hombres que creía que iban a aparecer. En su lugar han aparecido tipos parecidos a los de la foto. Parecidos a su manera de hablar. Parecidos a quien parecían ser. Pero no eran. Eran polvos disfrazados de follar. También he follado. Pero algo no terminaba de encajar. Sólo unas pocas veces han encajado todas las piezas necesarias para disfrutar plenamente. Sólo que ninguno ha querido quedarse. Los hombres han decidido no quedarse. Necesitan follar. Pero también polvos. Y saber que siguen siendo capaces de conquistar. No sé por qué. Tampoco me voy a molestar en averiguarlo. Hace ya algún tiempo. Que sigo follando. Y echando polvos. Cada vez intento más. Rodearme de hombres. Que follen. Y que sepan follar. Hombres. Que quieren follar conmigo. Y también con otras. No soy suficiente. Entonces ellos dejan de ser suficientes para mí. Porque no es que yo sea suficiente. Soy sobresaliente. Lo sé. Aunque hace no tanto tiempo. No lo supiera. Lo sé. Y lo soy.

Follaría mil días. Mil horas. Con la misma persona. Y luego ya veríamos que pasa. Yo no necesito media docena de colchones diferentes para disfrutar de la vida. Me atrapa la inteligencia. Me atrapa el sentido del humor. Me atrapa la autocrítica. Me atrapa que me hagan pensar. Me atrapa que diez horas se conviertan en cinco minutos. Me atrapa querer volver a ver a ese hombre. Me atrapa desearlo hasta que no pueda más. Me atrapa reírme. Es algo tan sobresaliente. Que es mucho más que suficiente. No es posible. Al parecer hay que rodar por varios colchones para sentirse lleno.

Mi coño no es así. Mi coño reconoce el placer cuando lo siente. Y mi coño es como mi cerebro. Muy inteligente. Quiere una polla que sea capaz de saciarlo. Y no hace falta mucho más. Y ya se verá.

Hace tiempo que no creo en el futuro. El futuro sólo son presentes recién acabados. Yo puedo estar hablando contigo. Y en el momento que abres la boca para pronunciar la siguiente palabra. Ya es futuro. Yo puedo estar follando contigo. Y en el momento que me metes la polla. Ese milímetro que está a punto de avanzar tu prepucio dentro de mi coño. Ya es futuro. Y es tan seguro como incierto. Porque el placer está asegurado. Pero no se sabe nada más. Sólo hay un matiz. Las ganas de averiguarlo. Y yo siempre tengo ganas. De follar. Es evidente. De averiguar. Cuando algo me impacta. No es frecuente que algo me impacte en esta vida. Mentira. Algo sí. Alguien no. Pero sólo estoy pensando. Y ahora mismo estoy pensando demasiado. Tengo ganas de follar. Y estoy harta de masturbarme. Hubo un tiempo en el que me masturbaba unas dos o tres veces al día. Casi todos los días. Y siempre me ha gustado follarme a mí misma. Me conozco tanto. Soy capaz de impactarme. Como pocos son capaces. Desde hace algún tiempo. He descubierto. Que mi edad es maravillosa. Y que tengo más ganas que nunca. Y aunque no tengo la energía suficiente para todas mis ganas. Soy capaz de sacarla. Y es entonces. Cuando masturbarme me parece aburrido. Me parece un sucedáneo escaso. Me parece un mísero polvo. Y no me gustan los polvos. Los polvos son un acto físico. Orgánico. Un desahogo. A mí me gusta el pack completo. Todos mis sentidos inundados de placer. Una piel siendo capaz de impactar a otra piel. Con sus mentes. Y con sus genitales. En un delirio espectacular. He descubierto. Que eso ocurre con demasiada poca frecuencia. Nunca pensé en acostarme con tantos hombres. Nunca me ha atraído. Pero ha sucedido. Y al parecer va a seguir sucediendo. Sólo que estoy cansada de encontrarme pollas. Me apetece, de nuevo, el pack completo. Y luego. Ya se verá. Pero para ver se necesitan cuatro ojos. Y dos ganas de averiguar. Algo que no existe. Algo que no va a suceder. Tengo una caja de tres condones por estrenar en mi saquito del bolso. Ellos siempre tienen condones suficientes. Ganas de averiguar no. Yo tengo un coño precioso. Y una edad perfecta. Y una humedad siempre alerta. Y las ganas de una adolescente. Y la mente de toda una mujer. Y una sonrisa que no termina nunca. Y por qué no decirlo. Follo tremendamente bien. Follo que te mueres. Follo que te cagas. Y no hay minuto de mi vida que no tenga ganas de follar. Y aquí estoy. Desperdiciada. Entre colchones de polvos. Es el polvo del camino. Que no impedirá jamás que yo siga caminando. Porque soy un viaje. Y no pienso terminarlo. Terminarme. Nunca.”

 

Eva Dida Díaz | De profesión juntaletras.

Tribuna libre.

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